Una cocina sin nevera es algo impensable. Cualquier vivienda o habitación en el caso de hoteles, residencias o similares, dispone de al menos un pequeño refrigerador para mantener bebidas y alimentos. Si en una vivienda es indispensable contar con un refrigerador, ni que decir tiene que en la gran industria es todavía más imprescindible. Nuestra sociedad no concibe una vida sin refrigeración.
La gran industria alimentaria, el sector farmacéutico e incluso el químico necesitan contar con un buen sistema de refrigeración para que sus procesos se lleven a cabo de forma correcta y sus productos se mantengan. Si nos paramos a pensarlo tan solo un instante, nos daremos cuenta de cómo existen todo tipo de sistemas de refrigeración y enfriamiento en prácticamente cualquier lugar.
Al margen de nuestras cocinas, en las que el frigorífico es parte esencial, basta con entrar en un pequeño comercio, tienda de alimentación o supermercado. Pasear por la sección de lácteos, carnes, pescados, frutas… son productos indicativos de que han pasado por algún sistema que ha hecho posible que se mantengan en buen estado. Es bastante habitual preguntarse cómo es posible que fruta y verdura se mantengan como recién recolectadas, cuando sabemos que llevan algún tiempo en ese estante. La respuesta es sencilla: la refrigeración industrial.
Estos sistemas proporcionan a la industria la herramienta clave a la hora de conservar y procesar los incontables productos que consumimos a diario. La refrigeración industrial opera tras las cámaras de forma invisible, pero indispensable para mantener la seguridad de los alimentos y otro tipo de productos. Se trata de un sistema fundamental para que alimentos, productos farmacéuticos y otro tipo de productos se conserven y cumplan con los estándares de calidad establecidos. Con la conservación de alimentos a baja temperatura se evita el desperdicio, se conservan los nutrientes y el sabor, contribuyendo a mantener nuestra salud.
Dentro de la refrigeración industrial
Este tipo de tecnología deja muy atrás aquellas cámaras llenas de hielo que hacían las veces de refrigerador. En Frimavi, expertos en refrigeración industrial comprometidos con el medio ambiente, nos definen la refrigeración industrial como un sistema que se diseña con objeto de reducir y mantener la temperatura en espacios de gran tamaño o productos de diverso tipo. Como si de un megarefrigerador se tratara, mucho más grande que un simple frigorífico doméstico, capaz de almacenar toneladas de alimentos o productos que necesiten mantenerse a baja temperatura.
A diferencia de un frigorífico doméstico, la refrigeración industrial funciona a gran escala, adaptándose a unas condiciones extremas. Cuenta con capacidades y tecnología de lo más avanzadas, para cumplir con los requisitos de cada tipo de producto. Desde las carnes, frutas y verduras hasta los productos farmacéuticos y medicamentos, cada producto requiere una temperatura concreta de conservación. Gracias a la refrigeración industrial, es posible cumplir con esas necesidades y evitar que los alimentos o productos se descompongan o pierdan calidad.
En el sector de la alimentación, sobre todo, es crucial contar con buenos sistemas de refrigeración. Esto se debe a que los alimentos frescos empiezan a deteriorarse desde el mismo momento en que se recolectan o procesan. Tiempo, temperatura y exposición al aire o microorganismos del ambiente no hacen más que acelerar ese deterioro inevitable, por lo que la refrigeración se convierte en la aliada perfecta: una herramienta fundamental para frenar o ralentizar ese proceso.
Utilizar refrigeración hace posible garantizar la calidad y seguridad alimentaria. Dentro de la industria alimentaria, la refrigeración permite que los alimentos mantengan su frescura, sabor y nutrientes, reduciendo o minimizando el crecimiento y proliferación de bacterias y microorganismos. Todos hemos visto en alguna ocasión lo que sucede cuando se deja un filete o una fruta partida fuera del frigorífico algún tiempo: cambio de color, olor y textura, sinónimo de descomposición. Lo que supone una pequeña muestra de lo que pasa cuando los alimentos no se almacenan y refrigeran de forma conveniente.
Si a nivel industrial no se controlara la degradación de los alimentos, sería poco menos que una catástrofe. La refrigeración industrial frena este tipo de cambios asegurando que los productos lleguen al consumidor en las mejores condiciones.
Según datos de la FAO, la estimación de desperdicio de alimentos a nivel global supone un tercio de la producción. En muchos casos, se debe a la falta de mantenimiento de temperatura a lo largo de almacenamiento y transporte. La refrigeración industrial es indispensable para evitar este desperdicio, ya que mantiene frutas, verduras, carnes y lácteos en las condiciones necesarias para garantizar que lleguen al consumidor frescos.
Otro aspecto de la refrigeración es que optimiza la cadena de suministro. Si pensamos en la cadena de frío como si de una autopista se tratara, la refrigeración constante se inicia en el lugar donde se procesan los alimentos y productos, y sigue hasta el supermercado o tienda de alimentación donde se adquiere. Si la cadena se rompe en algún punto de la autopista, queda expuesto a temperaturas que pueden dañarlo, por lo que la refrigeración industrial hace posible que se conserven productos perecederos a lo largo de cada una de las etapas del camino. Se mantiene la calidad y se evita su descomposición.
Componentes y tipos de sistemas
Un sistema de refrigeración industrial ya no se compone de bloques de hielo. Afortunadamente, la tecnología permite que los sistemas actuales funcionen de manera eficiente con otro tipo de componentes menos engorrosos. Cada una de las partes que componen el sistema es esencial para su correcto funcionamiento, debido a que tienen funciones concretas, como vamos a explicar a continuación:
- Compresor o corazón del sistema: convierte el refrigerante en un gas de alta presión y temperatura, permitiendo un ciclo a través del sistema.
- Condensador, esencial en la etapa en la que el refrigerante pierde calor y se transforma en líquido, libera la energía que se ha acumulado durante el proceso de compresión.
- Válvula de expansión que controla el paso del refrigerante hacia el evaporador, punto en el que se reduce la presión y, en consecuencia, la temperatura.
- Evaporador, donde el refrigerante absorbe el calor de la parte a enfriar, reduciendo la temperatura y enfriando el espacio o producto en cuestión.
- Las sustancias químicas especiales que hacen más fácil el proceso de intercambio de calor en el sistema. Existen refrigerantes modernos y sostenibles como el CO₂ o los A2L, con los que se reduce el impacto ambiental.
Todos los sistemas de refrigeración industrial cuentan con estos elementos, con independencia del tipo de solución del que se trate. En función del producto a refrigerar o la industria en cuestión, existen diversas soluciones, como vamos a ver:
- Cámaras frigoríficas. Espacios diseñados para almacenar grandes cantidades de productos frescos o congelados. Se fabrican con material de aislamiento térmico y disponen de sistemas de monitoreo que permiten mantener estable la temperatura.
- Túneles de congelación. Este tipo de túneles hace posible que la temperatura de productos como la carne o el pescado baje su temperatura en minutos, evitando que se formen cristales de hielo con los que su textura puede verse afectada.
- Sistemas centralizados. En las fábricas o almacenes de gran tamaño, con un sistema central de refrigeración, se pueden alimentar varias cámaras frigoríficas. Esto hace posible que se pueda regular la temperatura de forma eficiente sin que sea necesario disponer de equipos independientes.
Un buen sistema de refrigeración es una excelente inversión, ya que se rentabiliza solo y beneficia a los consumidores, garantizando que los productos lleguen a sus manos en excelentes condiciones y perfecto estado. La preservación de nutrientes y sabor en alimentos frescos como las frutas y verduras es un claro ejemplo de ello. Estos productos pierden nutrientes con el tiempo; al conservarse en buenas condiciones con la refrigeración industrial, se mantienen vitaminas, minerales y sabor.
La duración de conservación es mayor cuando se dispone de un buen sistema de refrigeración, puesto que permite el almacenaje de alimentos durante mucho tiempo sin que su calidad se vea comprometida. Esto es fundamental en sectores como la pesca, en donde oferta y demanda son muy variables. Almacenar productos en condiciones controladas permite que las empresas puedan responder a las fluctuaciones que vive el mercado sin que se vea afectada la calidad.
Todo esto nos lleva al cumplimiento de las normas de calidad que debe cumplir el sector de la alimentación. Las cámaras frigoríficas y los sistemas de refrigeración ayudan a que se cumplan las diferentes regulaciones establecidas en torno a la seguridad alimentaria, lo que garantiza productos seguros para el consumo.
Por último, citaremos otra de las ventajas que proporciona un buen sistema de refrigeración industrial: la reducción de los costes, tanto para la empresa como para el consumidor. Cuando los alimentos no se desperdician porque son conservados en buenas condiciones, se reduce el coste operativo y se ofrece al consumidor un producto de alta calidad a un precio asequible, lo que beneficia a la empresa y al consumidor.
No podemos añadir mucho más al respecto. Todos sabemos de la existencia y necesidad de este tipo de sistemas y ahora conocemos un poco más sobre sus componentes y tipos, aunque los vemos a diario en las tiendas y supermercados. Ahora su evolución se centra en el cambio climático y la eficiencia energética.








