Cuando voy por la calle, veo cosas que me ponen enferma… Padres e hijos comiendo juntos en un bar, y todos mirando el móvil. Madres que van a comprar con el niño en el carrito, que no tendrá ni dos años y, el niño, pegado a la Tablet. Los parques vacíos, niños que manejan el móvil con más soltura que los adultos…
¿Qué estamos haciendo? ¿De verdad es más cómodo darle a tu hija de un año el móvil mientras charlas con tu amiga?
Ahora los niños ven más normal interactuar con una pantalla que con los padres… Esto es demencial. Y parece que, aunque todos lo sepan, les es más cómodo hacerlo así. Pero, ¿creéis que esto no tiene consecuencias? Si habéis criado a vuestros hijos así hace unos años seguro que muchos las habéis ido viendo… Pero a los de ahora es a los que podemos despertar.
Si queremos lo mejor para nuestros hijos tenemos que sacrificar tiempo, atención y esfuerzo. Porque luego van a venir las consecuencias y, creedme que no os van a gustar.
Pantallas en todas partes
Bienvenidos a la nueva normalidad. Sales a la calle, entras en un restaurante, te subes al metro… y ahí están, las pantallas, pegadas a las manos de los niños como si fueran una extensión de su propio cuerpo. Y lo peor es que hemos normalizado que un bebé de un año se calme solo con un vídeo, que un niño de tres sepa desbloquear un móvil antes de saber decir frases completas, que una comida en familia se haga en silencio mientras cada vive en su propia burbuja.
Antes, había veces que nos aburríamos de niños. Era incómodo, sí, pero de ahí salía la imaginación, las preguntas, la conversación y los juegos. Ahora eso no existe. El mínimo segundo de silencio se rellena con una pantalla. El mínimo gesto de incomodidad del niño se soluciona con un vídeo. Y claro, es más fácil para nosotros como padres, parar las rabietas, callar al niño como el que le mete el pipo en la boca. Pero estamos criando a una generación que no sabe estar sin estímulos constantes, que no tolera tener que esperar, ni que le digan que no, que no necesita hablar porque siempre hay algo que le tiene distraído y abstraído.
Y de los adolescentes te lo puedes esperar… pero estamos hablando de bebés. De niños que están en la etapa más importante de su desarrollo, donde cada palabra que escuchan, cada gesto, cada interacción con sus padres va construyendo y estructurando su cerebro y su manera de ver el mundo. Y en lugar de eso, lo que reciben es una pantalla que no les mira, no les habla, no les toca. Solo ven y oyen cosas que pasan al otro lado, ni siquiera las viven.
Consecuencias de la exposición constante para la vista y el cuerpo
Tenemos que entender que el cuerpo de un niño no está preparado para estar horas frente a una pantalla. Sus ojos están en desarrollo, su postura, su sistema nervioso… todo está en construcción. Y nosotros, sin darnos cuenta, estamos metiendo un estímulo constante que daña unas cosas y atrofia otras.
Cada vez hay más problemas de visión, como es normal. Niños cada vez más pequeños que necesitan gafas, tienen fatiga ocular, dificultad para enfocar… Y claro, luego nos preguntaremos por qué. Pero es que no es solo la vista. Es el cuerpo entero. Niños que pasan más tiempo sentados que corriendo, que tienen menos coordinación, menos fuerza, menos resistencia. Que se cansan antes, que no saben jugar con otros ni tienen imaginación.
Y, para más inri, está el problema de coger el sueño. Porque esa luz azul constante afecta directamente al descanso. Niños que duermen peor, que se despiertan más, que están más irritables. Y, ¿qué solución se nos ocurre poner a eso? Si tardan en dormirse, les ponemos la tele, si nos dan una rabieta, les damos el móvil… ¿Os parece normal?
La interacción social es irremplazable y totalmente necesaria
Pero si hay algo que realmente estamos perdiendo, es la conexión humana. Esa que no se puede sustituir con nada. Porque un niño no aprende a hablar viendo vídeos. Aprende hablando. Aprende escuchando. Aprende equivocándose, repitiendo, interactuando. Aprende cuando su madre le responde, cuando su padre le mira, cuando alguien le dedica tiempo de verdad o juega con él.
Una pantalla no responde a las emociones de un niño. No adapta el lenguaje a su nivel. No le enseña a esperar su turno, a interpretar gestos de la gente, a entender tonos de voz. Todo eso solo se aprende en la convivencia. En la interacción directa.
Luego es normal que veamos a niños que hablan más tarde, que tienen dificultades para expresarse, que se frustran porque no saben decir cómo se sienten.
Los niños se vuelven insoportables y unos incomprendidos. Nosotros pensamos que nos ha tocado un niño difícil y acabamos todavía pasando menos tiempo con él. Dándole todo el tiempo lo que quiere y lo que le distrae para tenerlo contento…
Esto es como apagar un incendio echándole gasolina.
Los psicopedagogos hablan de las consecuencias
Como me han dicho en el Centro Psicopedagógico Cristina Hormigos, Cada vez más psicopedagogos, logopedas y especialistas están viendo lo mismo: retrasos en el lenguaje, dificultades de atención, problemas de conducta. Y cuando rascas un poco, para ver que hay detrás… Adivina lo que descubren. El niño pasa más horas al día con el móvil que en el colegio.
El 80% de los niños de ahora tienen siempre las mismas características: son niños que no mantienen la atención más de unos segundos, que necesitan estímulos constantes, que se aburren de todo lo que no sea inmediato. Niños que tienen dificultades para seguir instrucciones, para concentrarse en tareas simples, para escuchar, para dibujar o crear. Eso es lo que más me preocupa… Nos estamos cargando el don humano por excelencia: la creatividad y la imaginación.
¿Por qué nadie hace nada? Porque a nadie le preocupa realmente esto. La sociedad de hoy en día está tan estresada que solo piensa en tres cosas: Responsabilidades, trabajo y ocio. Meten en el cajón de las responsabilidades a los hijos y a la familia, luego el trabajo, y solo les queda el ocio para descansar… que no es más que sentarse en el sofá a mirar pantallas y, de vez en cuando, salir a tomar algo.
Los adultos de hoy en día, son como esos niños, pero con responsabilidades, estrés y trabajo. Hacen todo lo que tengan que hacer y luego a descansar con la tele o el móvil.
¿Cuánta gente de hoy en día se sienta a leer un buen libro o se pasa horas dibujando? Ya cada vez menos…
¿Cómo esperamos criar a nuestros hijos de forma diferente si ni siquiera nosotros podemos vivir de forma distinta?
Por lo tanto, esto, si no cambia ya, va a ir cada vez a peor.
¿Qué tipo de sociedad nos espera?
Ahora hay que parase a pensar, ¿cómo van a ser los adultos del futuro? Cómo van a pensar, cómo se van a relacionar, cómo van a gestionar sus emociones.
Si creces sin aprender a comunicarte de verdad, sin desarrollar paciencia, sin saber gestionar el aburrimiento… Si solo conoces el estímulo y la recompensa sin ningún tipo de esfuerzo, pero te meten esfuerzos obligados constantes que nadie quiere… Estudiar, trabajar, etc… ¿En qué tipo de adulto te conviertes? Uno que necesita estímulos constantes, que evita el silencio, que no tolera la frustración. Que prefiere comunicarse con una pantalla a hacerlo con otras personas a la cara… Que ve todos los esfuerzos de la vida como horriblemente costoso, difícil y evitable. Algo que le imponen y no quiere, porque está acostumbrado a lo rápido y a estar sentadito y distrayéndose.
Y eso, llevado a gran escala, cambia una sociedad entera. Personas más dependientes, más ansiosas, más desconectadas de la realidad. Y todo empezó con algo tan inofensivo como una tablet en un carrito.
Adultos psicológicamente deprimidos y aislados
Esta manera de vivir, crea adultos que se sienten solos, que no saben relacionarse, que buscan refugio en lo mismo que les crió: las pantallas. Redes sociales, vídeos, contenido constante que anestesia, pero te deja vacío.
Los humanos somos seres que crecemos en sociedad. Por mucho que seamos muy inteligentes y nos diferenciemos de otros animales de eso, no podemos ignorar, que toda sabiduría ha venido del rodaje continuo de la comunicación y la interacción, entre nosotros y con el mundo que nos rodea.
Si esto sigue así, vamos a crear una involución. Una en el que retrasemos muchas de las cualidades que tenemos y las vayamos atrofiando. Y evolucionaremos de otra forma y en otros ámbitos. Pero, lo que somos naturalmente, se verá seriamente afectado.
La creatividad y la imaginación serán tan dañados como nuestras capacidades sociales y físicas. Una sociedad enferma, a lo WALL•E, nos espera… si no algo peor. Y me da mucha pena.
Separación sentimental de padres e hijos
Pero en todo esto, hay algo que duele ahora y que la mayoría de los que han criado ya a sus hijos de esta forma, les duele muchísimo. Han aislado a sus hijos en una burbuja en la que no pueden entrar, han creado distancia emocional con ellos.
Un niño necesita atención, no solo que estemos ahí al lado haciendo nuestras cosas. Necesita miradas, palabras, contacto, que le riñamos, que le consolemos, que le demos consejos y aprenda cosas de nosotros. Necesitan sentir que nos importan. Y cuando lo que recibe es una pantalla en lugar de todo eso… ellos sienten que tu no estás ahí. Sienten que realmente están solos y empiezan a ver la pantalla como un sustituto de todos los vínculos sociales que pudieran tener.
Los niños crecen a una velocidad que da miedo y no nos damos cuenta hasta que ya van a entrar en el instituto. Todos los padres sabemos que, cuando llega esa época de sus vidas, estamos a un paso de perder la conexión que tenían con nosotros al ser nuestros niños. Cuando empiecen a relacionarse con otros adolescentes comenzarán a cambiar completamente y ya se alejarán un poco o mucho de nosotros.
Lo malo, es que estamos haciendo que la etapa de ser nuestros niños, no exista directamente. Y, cuando el niño ya es casi un adolescente, nos solemos dar cuenta y empezamos a intentar recuperarlo… Pero eso casi nunca pasa.
Tenemos que aprovechar el tiempo que pasamos con ellos, porque luego todo nosotros nos arrepentimos después.
Acceso a contenido violento completamente normalizado
Este tema lo tenía que tocar: el contenido al que están expuestos continuamente. Porque no todo lo que ven los niños es adecuado, y muchas veces ni siquiera sabemos qué están viendo.
La violencia, el lenguaje inapropiado, los estímulos extremos… todo eso está a una búsqueda de Google o a dos videos de TikTok de distancia. Pero, una cosa es que vean un video por accidente y la otra, es ver a niños de siete años, enviciados a juegos de guerra donde se matan continuamente unos a otros, durante todo el día. O viendo películas como “Saw” en su cuarto con sus amigos.
Puede que a algunos os parezca demasiado y digáis que vosotros no les dejáis hacer esas cosas. Pero con solo irse a casa se su amigo puede estar haciéndolo. Ya no hay tantas restricciones como antes y todo se ha dejado a responsabilidad de cada padre… Lo que expone a los niños a estas cosas desde muy pequeños.
Ellos acaban normalizando la violencia y entendiendo, que viven en un mundo violento, caótico y sin valores. Lo cual es muy peligroso.
¿Psicopatía e insensibilidad?
No es de extrañar que, cuando un niño se acostumbra a ver violencia sin consecuencias, a consumir contenido sin empatía, a no interactuar emocionalmente con otros… algo cambie en su interior.
La empatía se aprende. Se construye viendo caras, emociones, reacciones y sintiendo a los demás. Y si eso se sustituye por pantallas que son cosas que no están vivas, por contenido rápido y deshumanizado, estamos quitando una parte fundamental del desarrollo emocional.
Todo esto, unido al contenido violento, puede crear una combinación que empieza a dar miedo… Estamos creando gente sin imaginación, con poca empatía, aislados en su propio mundo y sin una guía y presencia paterna en su desarrollo…
Decidme qué podemos esperar de todo esto, si no un desastre.
Tenemos que poner remedio
Esto es responsabilidad de todos y cada uno de nosotros. ¿Seguimos queriendo vivir el ahora lo más fácilmente posible dándonos igual las consecuencias?
Consumir aquí, tirar basura allá, talar este bosque, conseguir dinero rápido, distraer al pesado del niño, emborracharme cada sábado… Así van las cosas. Así va el mundo, nuestra salud, nuestra sociedad.
Ojalá despertemos pronto, porque así no podremos seguir por mucho tiempo.








